sábado, 23 de mayo de 2026

Afrontando la adversidad

 

Lo hacemos desde un bonito enfoque basados en las teorías de Marina Criado y su libro “El tercer corazón”.

Los PULPOS tienen un sistema circulatorio único, con 3 corazones, que trabajan juntos para poder sobrevivir.


Las personas funcionamos en nuestro interior con una gran complejidad emocional. Se podría decir que, al igual que el pulpo, vamos avanzando gracias al movimiento de diferentes partes nuestras, que pueden parecer diferentes corazones.
Según sea nuestro momento actual necesitaremos hacer una parada en el corazón que más necesite de nuestra mirada y cuidado.

  • El verde es para amarme a mí. Una de las finalidades de este encuentro, que poco a poco cada día vamos trabajando.
  • El rojo es para amar a los demás.
  • El azul para amar lo amigo, comenzaremos por ese porque duele y el resto nos ayudarán a poder transitarlo.

CORAZÓN AZUL

Nos adentramos en este corazón azul, con una visualización compartida de un precioso e intenso vídeo de sensibilización de la Fundación Mehuer, dirigido por Emilio Aragón “PLAYA Y MONTAÑA”.


Planificas un viaje con rumbo a la calidez de la playa, pero la vida, en un giro inesperado, te baja del tren en mitad de la montaña; un destino que no elegiste, pero que con el tiempo descubres que alberga paisajes diferentes, majestuosos y  te das cuenta de que estás viviendo un viaje extraordinario y precioso, no es el destino que habías planeado, pero la montaña tiene su propio ritmo, sus propias flores y una luz preciosa que jamás habrías conocido si hubieras llegado a la playa.

Comenzamos transitando nuestro corazón azul: para amar lo “no amigo”

A veces se nos plantean en la vida momentos difíciles o dolorosos, algunos son cotidianos y otras situaciones se presentan bruscamente y sin avisar. Y puede ocurrir que no nos sintamos con los recursos para afrontarlo y el dolor se enquista.

El corazón azul nos invita a profundizar en las emociones dolorosas o no amigas, en el mensaje que hay debajo y desde ahí, conocernos, avanzar y no quedarnos instalados en esas emociones de por vida.

Para afrontar una situación difícil, cada persona es diferente y necesita abordarlo y recorrerlo de una manera particular.

El pasado viernes sugerimos  herramientas y posibles pasos que nos ayuden a recorrer nuestro camino tratando de ampliar nuestra mirada. 

El camino comienza al parar, deteniendo la inercia diaria para poder escuchar ese dolor que late en nuestro ser. Desde esa pausa, nos permitimos soltar el control, las expectativas de cómo "deberíamos" sentirnos y cómo deberían ser las cosas. Solo entonces podemos validar la emoción, dándole un espacio legítimo y tratándonos con amabilidad en lugar de juzgarnos. Al abrazar el sentir, logramos entender el origen y el propósito de esa herida, lo que finalmente nos abre la puerta a aceptar: no desde la resignación, sino desde la integración de esa vivencia como una parte preciosa y necesaria de nuestra propia historia y evolución.

EL CONFLICTO DE LEALTADES INTERGENERACIONAL genera "murallas" en el camino

El conflicto de lealtades intergeneracionales en la crianza surge cuando

intentamos educar a nuestros hijos desde la consciencia y el respeto, pero chocamos frontalmente con los patrones que nos han transmitido nuestros referentes.

Romper con esas pautas heredadas nos genera un coste emocional altísimo: una culpa profunda que se disfraza de traición, haciéndonos sentir que, al elegir un camino diferente, estamos invalidando, juzgando o fallando a las mujeres más importantes de nuestra vida.

Cuesta entender, y sobre todo sentir, que desmarcarse de sus métodos no significa quererlas menos ni menospreciar el esfuerzo titánico que hicieron con las herramientas que tenían, sino ejercer nuestro propio derecho a evolucionar, honrando su legado a través de la búsqueda de nuestro propio bienestar familiar.

Recordar que nos pusimos unos deberes esta semana: detectar mis lealtades, “agradecerlas” ya que lo que aprendimos fue valioso, me aportó  y lleva la huella del amor de mis  ancestros; pero fue SU momento de crianza, no el mío y yo he de construir el mío …

Solo cuando los tres corazones se integran dentro de nuestro ser y los escuchamos, encontramos en bienestar y la paz interior. Por eso necesitamos mirar a cada uno de nuestros corazones y darles su espacio.

Este proceso no tiene un principio y un fin: el cuidado propio, el amor a otros y el aprendizaje que nos trae lo no amigo, son retos contantes que surgen en la vida.


Cuando escuchamos y cuidamos los 3 corazones aprendemos de cada uno y con el tiempo conseguimos fluir y lidiar con el dolor.


OS esperamos el PRÓXIMO VIERNES 29 DE MAYO para profundizar en nuestro corazón rojo contando con el testimonio de una madre con tres hijos neurodivergentes.

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